En el peor de los escenarios, un terremoto o un incendio de grandes proporciones ocurrido en pleno día en el Mercado Oriental, representa una temible amenaza que pone en riesgo la vida de miles de personas.

El mayor peligro lo corre la enorme masa humana de comerciantes asentada sobre un laberinto sin fin de tramos construidos con todo tipo de material inflamable, y algunas edificaciones que han sido levantadas sin supervisión de nadie.



“¿Y qué vamos a hacer? Lo único que nos quedaría sería correr y dejar todo tirado aquí, aunque perdamos lo material”, expresa la señora Ángela Ríos, vendedora de ropa usada en el antiguo galerón del Mercado Oriental.

Doña Ángela dice que nadie ha llegado jamás a decirle cuál salida debe tomar en caso de sobrevivir a la sacudida de un terremoto o ante la alarma de un voraz incendio.

De todos los comerciantes consultados por El Nuevo Diario, solamente uno dijo ser parte de una brigada para atender desastres en ese mercado.

El galerón donde vende doña Ángela es el edificio más antiguo de este populoso centro de compras que sobrevivió al terremoto de diciembre de 1972, pero sus ocupantes no creen que resista otra sacudida similar a la que botó cientos de casas en el municipio de Nagarote.

“Aquí han pasado como cinco intendentes y ninguno se ha interesado por reforzar este galerón o por hacerlo nuevo; más bien las láminas de zinc se nos caen a pedazos año con año y nosotros mismos tenemos que pagar para reparar el techo. Para lo único que son buenos es para cobrar los impuestos”, se quejó la señora Carmen Marenco, con más de 30 años de vender en el viejo galerón. END


  • 23 MIL comerciantes trabajan en un día normal en el Mercado Oriental.
  • 60 MIL personas es el estimado de visitas diarias al mercado.

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